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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

martes, 18 de abril de 2017

EXISTE UN TIEMPO

Existe un tiempo para vivir y un tiempo para morir.
Existe millones de instantes dentro del tiempo para amar intensamente, sentir decepciones, buscar la risa en otros ojos, imaginar las caras de los que ya no volverán, destrozar(se) el alma y encontrar consuelo, reconstruir vidas que parecían pérdidas, ilusionar a los desconsolados, añorar en las grandes distancias.
Existen vidas compartidas que nunca se sienten y vidas separadas que, si se encontraran, serían indisolubles.
Existe una vida llena de instantes en los que el corazón explosiona por falta de pasión o exceso de ella.
Existen emociones y sobresaltos, lágrimas, a veces dulces y otras amargas. Instantes de serenidad que atraen a la inspiración y otros que te convierten en lobo solitario e inerte.
Trabajos que apasionan y pasiones que se convierten en formas de vivir.
Momentos generosos en esas vidas,  a pesar de estar pincelados con pasos de equilibrista, llenos de caminos agujereados de baches, en los que un traspiés, te puede costar vivir una historia única o sobrevivir con tu impotencia y desesperación.
Existen demasiadas malas vidas de buenas personas que derivan en inconfesables secretos, angustiosas provocaciones,  sueños vacíos, ilusiones ciegas y momentos de interminables soledades. Existen malas personas con muy buenas vidas, sin necesitar eternidad ni consuelos.
Existen épocas de caídas y recaídas, de tropezar con la misma piedra.
Pero, a veces, el destino te regala una oportunidad única, un sueño de una noche de verano,
una mano poderosa en el saliente. 
Aparece una sonrisa que calienta el alma, que abraza un cuerpo y su alma. Es cuando intuyes que hay otra eternidad, otro tiempo en el que un ser no es humano, es esencia y luz y energía y también, nostalgias. Es espacio infinito recogido en un rincón del alma. 

LO ASOMBROSO DE LO ORDINARIO

¿Cuántos dudáis de si la vida cambia cuando menos te lo esperas?  No dudéis demasiado, yo soy una prueba viviente de ello.
 Te levantas cada mañana pensando en cada uno de los temas de nuestros días cotidianos. Sales, entras, trabajas, piensas, luchas, duermes y sueñas con poder vivir otras monotonías diferentes. Y sin planearlo, sin ni siquiera pensar en ello, las circunstancias te obligan a tomar decisiones que nunca hubieras adoptado por voluntad propia, las que nunca  hubieras planeado. Pero así es la vida, la felicidad  llega cuando se pierde toda esperanza en el futuro.
Y entonces, bajo la perspectiva serena de las experiencias pasadas, eres capaz de entenderlo,  puedes pasar página y  comenzar  una nueva historia.
 Érase una vez una vida normal que se convirtió en extraordinaria cuando sintió que verdaderamente lo era. No hubo nada inusual o sorprendente, tan solo hubo un cambio de actitud, una toma de  decisiones, otra motivación y una renovada esperanza. Tan solo comenzó a tomar conciencia  de lo que tenía y de lo que había conseguido, valoró su trayectoria pasada a la vista de los resultados actuales. Y esta vida, como si fuese una  recién nacida, escuchó por primera vez sus verdaderas  risas, observó su relación, fuerte, intensa que superaba todas las  diferencias, su entendimiento, su amor incondicional. Tuvo la certeza que nunca hizo la pregunta adecuada, que luchó en batallas equivocadas y comprendió, en ese momento, que sus días cotidianos, sus monotonías, entradas y salidas, pensamientos y sueños habían sido  los correctos. Porque su mayor victoria estaba frente a ella, tres pares de ojos llenos de futuro, de esperanza, de lucha. Ojos que miraban a una misma dirección a pesar de llevar caminos muy diferentes, que aprendieron a respetarse y a quererse por encima de cualquier otra cosa, miradas que nunca estarán vacías, que siempre encontrarán ese otro punto de vista y ese apoyo a pesar de las diferencias. Que pase lo que pase permanecerán amarrados a este tronco de hoja caduca, a veces con frondosas ramas, otras vacío de color, pero bien aferrados a sus raíces. Porque por pura supervivencia, es lo que aprendieron desde niños, a sentirse, a mantenerse juntos en los juegos y en los llantos.
Entonces, miró hacia su nuevo paisaje, a su inspirador mar, lleno de fuerza y de brisas marinas, plagado de esperanzas, construyendo una vida con la que nunca soñó. Observó el vuelo  de las gaviotas, los retoños de sus flores, la luz del Mediterráneo. Y supo que, aunque aprendieron a encontrase a sí  mismos, respetando sus silencios y sus espacios,  nunca podrá dejarlos ir. Aunque se marchen y las distancias sean casi intratables,  forman parte los unos de los otros.  Y es ésta su victoria, compartir vidas y esperanzas, llorar con ellos y reír juntos, sentir que nunca estará sola, ni vacía. Porque ¿qué son los kilómetros para las almas y los corazón con  un vínculo irrompible? Aquel que supera la sangre y traspasa el alma. El que es más importante que uno  mismo y al tiempo te enseña a quererte más y a valorarte mejor.

Y sobre todas las cosas, la distancia me ha enseñado, que el camino hasta ellos es más largo pero también más intenso porque sabemos que no podemos perder nuestro tiempo. Estamos seguros que hay que disfrutar intensamente los unos de los otros, nos orgullecemos  de nuestras  raíces y nos alegramos de cada minuto recorrido en esta  tierra, cada esperanza y cada sueño compartido. Y el adiós es  tan solo un espacio en el tiempo porque caminamos por la vida entrelazados, porque somos  un suspiro tejido de instantes asombrosos que te hacen renacer por dentro y te llevan mucho más lejos que el infinito.
Hoy comprendo porqué los antiguos contaban su tiempo en lunas llenas. Yo he disfrutado de ocho inspiradoras y mágicas lunas marinas  que surcan mi  jardín de camino a la playa. MANGATA, esta maravillosa palabra sueca para definir el camino de luz sobre el agua, cobra un significado especial. Noches llenas de magia que dejan huella, que me hacen estremecer, obligándome a pensar exclusivamente  en este momento. Ocho sueños, ocho inspiraciones, ocho agradecimientos, ocho ahoras.
Moraleja: Déjate llevar por tu instinto y nunca dejes de esperar lo inesperado.