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Mostrando entradas de julio, 2012

EL TSUNAMI DEL RESPETO

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En estos tiempos que corren, donde la desidia se apodera de la gente y el miedo a perder por lo que se ha luchado malvive en nuestro día a día. Donde los jóvenes no tienen porvenir y los viejos no disfrutan del descanso. Donde la gente ha perdido la confianza en nada y en nadie, yo, tengo un sueño, una fe ciega en un gran movimiento. Sueño, con un océano en calma, pero solo en la superficie. En sus profundidades deambulan inmensos remolinos,cada día más desenfrenados, más extensos. Movimientos de hombres y mujeres a pie, rubios, morenos,ricos, pobres,longevos o jóvenes adultos que conforman nuestra idiosincrasia, que creen en el ser humano, en su forma de pensar y de vivir. Gentes que respetan y son respetados, que emocionan y lloran, pensamientos libres en mentes abiertas que se enriquecen con otras ideas. Un movimiento de seres capaces,tolerantes, que conforman milagrosas cadenas de favores, que juegan al trueque de corazones y de intelectos, compartiendo saber y experiencia. Un …

COMO ÁRBOLES

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Si pudiera pedir un deseo, sin dudarlo desearía SER FELIZ. Sin "peros", sin puntos y aparte, ni "ademases". Porque SER FELIZ, implica poseer todo, por lo que alguna vez suspiré, aquello que anhelo cada día, lo que espero que me suceda mas pronto que tarde. Imaginando la felicidad más plena ¿y si las musas me regalaran la fuerza de la palabra, si fuera capaz de plasmar mis sentimientos en poemas?........... pero como de mis lustrosas lámparas no emergen genios, acudo a los que existieron alguna vez, aquellos que me acompañan, que me inspiran, que me recuerdan que estoy viva cada vez que los leo. Quién hubiera dicho, que estos poemas de otros iban a ser míos. Después de todo, hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, sino por una vida, al menos por un rato o por un parpadeo. En cambio, hay hombres que fui y ya no soy, ni puedo ser. Y esto, no siempre es un avance, a veces es una tristeza. Hay deseos profundos y nonatos que prolongué…

REGENERACIÓN

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La luna llena imponente, como si el mismo Dios la hubiera llenado de luz, iluminaba un mar limpio, sereno, brillante, con sus crestas plateadas bailando entre las mareas, meciéndose con la suave brisa de una noche cálida de Mayo. Un océano impertérrito, una inmensidad de silencios, tan solo acompañados por el sonido de las olas rompiendo en el acantilado. EL paisaje, ajeno a las miserias humanas, adentraba a la ojerosa mujer, en una efímera paz, una calma chicha. Estas sensaciones eran tan fugaces como sus momentos de sosiego. Su cuerpo dolorido, sus ojos cansados, su corazón cuarteado de tanto quebrarse, le recordaban, que a pesar de aquella perfección contemplativa, sus penurias no parecían importar a nadie. Abandonada a su suerte, ni siquiera Dios parecía escuchar sus plegarias, incluso la eternidad de aquel lugar era insensible a la mezquindad de sus días y a la perversidad de sus noches. Pero a pesar de ello, Lidia mantenía su fe, buscaba su armonía interior, con la esperanza …