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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

viernes, 27 de julio de 2012

EL TSUNAMI DEL RESPETO

En estos tiempos que corren, donde la desidia se apodera de la gente y el miedo a perder por lo que se ha luchado malvive en nuestro día a día. Donde los jóvenes no tienen porvenir y los viejos no disfrutan del descanso. Donde la gente ha perdido la confianza en nada y en nadie, yo, tengo un sueño, una fe ciega en un gran movimiento. Sueño, con un océano en calma, pero solo en la superficie. En sus profundidades deambulan inmensos remolinos,cada día más desenfrenados, más extensos. Movimientos de hombres y mujeres a pie, rubios, morenos,ricos, pobres,longevos o jóvenes adultos que conforman nuestra idiosincrasia, que creen en el ser humano, en su forma de pensar y de vivir. Gentes que respetan y son respetados, que emocionan y lloran, pensamientos libres en mentes abiertas que se enriquecen con otras ideas. Un movimiento de seres capaces,tolerantes, que conforman milagrosas cadenas de favores, que juegan al trueque de corazones y de intelectos, compartiendo saber y experiencia. Un movimiento de generosos anónimos que dan todo lo que tienen y abiertos a recibir todo aquello de lo que carecen. Un lugar que se fortalece incluso con todo aquello que repele, como extremistas ideologías que persiguen personalidades y credos diferentes. Un océano de personas dignas, luchadoras, capaces de convivir con pequeños obstáculos y volar por encima de los enormes muros que no nos permiten reconocer la verdadera fuerza. La supremacía de las cosas sencillas, de tantos momentos compartidos. Un poder que nos permitirá sacar el remolino a la superficie y convertirlo en un tsunami de conocimientos y corazones, de diversidad, generosidad y respeto. Un océano en calma pero en constante movimiento, corriente de millones de convicciones y de principios, donde no se reza ningún credo, ni se milita en ninguna ideología, porque para provocar una sonrisa o fortalecer a un espíritu roto tan solo hay que tender la mano y confiar en el otro. Por todo esto creo, en todos nosotros, en los que nos damos la mano y apretamos con fuerza, en los que decimos, "aquí me tienes, ¿Qué necesitas?". Somos un movimiento rico, interminable, independiente y en la diversidad radica nuestra autoridad. Algún día, seremos conscientes que no necesitamos más, que nuestras manos nos mantienen a flote y nos convertiremos en ese Tsunami que arrasará, por fín, prepotencias, intereses y primas de riesgo. Un tsunami de grandezas personales, riquezas intelectuales, corazones generosos que anegarán la sociedad que hemos dejado crear a unos pocos. Y este es mi sueño que hoy comparto con vosotros. Quien sabe si algún día seremos ese movimiento que emergerá de nuestras propias cenizas. Esta entrada está especialmente dedicada a personas que me inspiran y me reconfortan con su sabiduría y su juventud..... Especialmente, gracias a Oski y Favole.

domingo, 15 de julio de 2012

COMO ÁRBOLES

Si pudiera pedir un deseo, sin dudarlo desearía SER FELIZ. Sin "peros", sin puntos y aparte, ni "ademases". Porque SER FELIZ, implica poseer todo, por lo que alguna vez suspiré, aquello que anhelo cada día, lo que espero que me suceda mas pronto que tarde. Imaginando la felicidad más plena ¿y si las musas me regalaran la fuerza de la palabra, si fuera capaz de plasmar mis sentimientos en poemas?........... pero como de mis lustrosas lámparas no emergen genios, acudo a los que existieron alguna vez, aquellos que me acompañan, que me inspiran, que me recuerdan que estoy viva cada vez que los leo.
Quién hubiera dicho, que estos poemas de otros iban a ser míos. Después de todo, hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, sino por una vida, al menos por un rato o por un parpadeo. En cambio, hay hombres que fui y ya no soy, ni puedo ser. Y esto, no siempre es un avance, a veces es una tristeza. Hay deseos profundos y nonatos que prolongué como coordenadas. Hay fantasías que me prometí y, desgraciadamente no he cumplido, y otras que me cumplí sin prometérmelas. Hay rostros de verdad que alumbraron mis fábulas, rostros que no vi más, pero siguieron vigilándome desde la letra en que los puse. Hay fantasmas de carne, otros de hueso. También los hay de lumbre y corazón, o sea, cuerpos en pena, almas en júbilo, que vi o toqué o simplemente puse a secar, a vivir, a gozar, a morirse.... Pero además, está lo que advertí de lejos. Yo también escuché una paloma que era de otros diluvios. Yo también destrocé un paraíso que era de otras infancias. Yo también gemí un sueño que era de otros amores. Así pues, desde este misterioso confín de la existencia, los otros me ampararon como árboles, con nidos o sin nidos, poco importa. No me dieron envidia, sino frutos, esos otros están aquí. Sus poemas son mentiras de a puño, son verdades piadosas. Están aquí,rodeándome, juzgándome con las pobres palabras que les di. Hombres que miran tierra y cielo, y a través de la niebla, o sin sus anteojos, también a mí me miran, con la pobre mirada que les dí. Son otros que están fuera de mi reino, pero además, estoy en ellos. A veces tienen lo que nunca tuve. A veces aman lo que quise amar. A veces odian lo que estoy odiando. De pronto me parecen lejanos, tan remotos, que me dan vértigo y melancolía. Y los veo minados por un duelo sin llanto. Y otras veces, en cambio, los presiento tan cerca, que miro por sus ojos y toco por sus manos. Y cuando odian, me agrego a su rencor. Y cuando aman, me arrimo a su alegría. ¡Quién hubiera dicho que estos poemas míos iban a ser de otros!..... COMO ÁRBOLES. (BENEDETTI ¿de quién sino?)

domingo, 8 de julio de 2012

REGENERACIÓN

La luna llena imponente, como si el mismo Dios la hubiera llenado de luz, iluminaba un mar limpio, sereno, brillante, con sus crestas plateadas bailando entre las mareas, meciéndose con la suave brisa de una noche cálida de Mayo. Un océano impertérrito, una inmensidad de silencios, tan solo acompañados por el sonido de las olas rompiendo en el acantilado. EL paisaje, ajeno a las miserias humanas, adentraba a la ojerosa mujer, en una efímera paz, una calma chicha. Estas sensaciones eran tan fugaces como sus momentos de sosiego. Su cuerpo dolorido, sus ojos cansados, su corazón cuarteado de tanto quebrarse, le recordaban, que a pesar de aquella perfección contemplativa, sus penurias no parecían importar a nadie. Abandonada a su suerte, ni siquiera Dios parecía escuchar sus plegarias, incluso la eternidad de aquel lugar era insensible a la mezquindad de sus días y a la perversidad de sus noches. Pero a pesar de ello, Lidia mantenía su fe, buscaba su armonía interior, con la esperanza de que sus oraciones fueran escuchadas. Aquella noche, contemplando la intermitente masa de agua, abandonó en algún recodo de su mundo, la fe en su Creador, y comprendió por fin, que solo podía terminar con tanta ignominia, luchando por su derecho a ser feliz, arrancando de raíz cualquier vestigio de esta demoníaca convivencia . Había tocado techo. Necesitaba una señal, sentir que el cielo y las estrellas la mecían.Escuchó la violencia de las olas rompiendo en el acantilado y tembló como una hoja al viento recordándolo, machacando toda su ira contra ella, como el oleaje sobre los riscos en la noche de luna llena.Pero su cuerpo no era una roca impertérrita. El desgaste y la erosión explosionaba en cada fibra de su ser recordando sus palabras: “quien siembra vientos, recoge tempestades”. La brisa marina le susurró la salida, no más cobardía, no era culpable, tan solo víctima de sus calamidades. El problema no era su comportamiento,tan solo su condena. Tenía que romperse, abrazar la luz y volar. Las gotas del mar mojando su derruido rostro, el implacable resonar de las olas, su virulenta colisión contra el escollo, le animaron a caer. Como si no fuera ella, sintió el vacío sobre su cuerpo ingrávido y se dejó llevar. En un eco lejano, escuchó la sentencia: "Si no eres mía, no serás de nadie". Pero el tiempo y su cuerpo se habían detenido en medio de la nada,esperando encontrar otra vida,otros sueños. La visión de la luna, era la de sus inconfesables secretos, la de su gélida voz, la puntería de sus puños asestando el golpe en la zona más vulnerable de su cuerpo y el sabor de la sangre.La visión continuaba descargando su ira sobre un cuerpo indefenso, como si estuviera apaleando un saco de patatas y ella sentía que no era nada, un trozo de carne envilecido y putrefacto. Seguía cayendo mientras su imaginación fantaseaba tan lejos como el infinito océano, evocando otra vida sin verdugos, ni víctimas, un mundo de respeto y confianza, una existencia, en la que sonreír no era pecado. Escuchó el tañido de las campanas de la ermita, parecían llamar a las almas en pena como la suya. A punto de convertirse en luz, comenzó a vagar por su reciente pasado, el que la llevó a ser nada, a dormir junto a su cruel enemigo, su perverso carcelero, su sádico martirizador. Quién sospecharía que, un hombre de tan elevada posición social, tremendamente correcto, se convertía en una alimaña una vez llegada la noche. Sin motivos, por el puro placer de someter, de experimentar la sensación del poderoso. Quién podría entender que, una mujer como ella, de educación exquisita e independiente, soportaría convivir con un inquisidor. A quién confesar que el infierno existe en esta vida. Aprendió muy pronto a camuflar su situación, a lamerse sus miedos y su dignidad, a gemir en soledad, como un animal apaleado. La casa del acantilado se convirtió en una tumba de 500 metros cuadrados. Aislados del mundo, atada a él,llamaba a su cárcel,“Sangri–La. Un paraíso perdido y la aterradora realidad, el infierno donde él imponía su fuerza. Un cautiverio sin más testigos que el cielo azul y el aceitunado mar. Aquel lugar, era el cementerio de su emancipación. Revivió la velada, el último invitado, el beso del adiós, su risa distendida y ajena a la reacción. No intuyó su semblante gélido, como un témpano de hielo hasta que pronunció la frase, principio del horror; “Quien mal anda, mal acaba”. Ahora, caía más deprisa, sus extremidades eran más etéreas, mientras la fiera aullaba y aquellas manos poderosas cruzaban su cara, vociferando incongruentes reproches sobre su magullado cuerpo.Del comportamiento más correcto al más vil, del galán educado al fantoche más grotesco, de la ternura a la mezquindad, de la pasión a la deshonra y el horror. Y allí, un nuevo principio del fin, a los pies de la cama apareció el lobo hambriento de sangre y venganza y murió el hombre cariñoso y tierno. Sintió un duro impacto y el agua anegando sus pulmones. Percibió tan solo esperanza y vio la luz, cada vez más intensa. Escuchó un acompasado sonido que aumentó, hasta convertirse en una explosión de murmullos: " Ahora no, todavía no".... Recuperó ese dolor intenso ahondando en cada poro de su piel cuando vomitaba el aire que se abría paso hacia sus pulmones. Lloró de impotencia. Ni siquiera podía dejar de ser. Agarrada a un risco, en aquel mar que la devolvía a la vida, vio de nuevo el resplandor. La casa ardía como un pira funeraria. El humo negro ascendía llevándose los horrores y los secretos de aquella noche y de tantas otras. La niebla teñida de hollín disipó los miedos, el monstruo se convirtió en presa. Esta vez la sangre no fue la suya. Unas voces sobre el risco, ajenas a su presencia, relataban la tragedia. "Casi seguro que el incendio lo provocó una explosión de gas. Pobrecillos, debían estar dormidos, y no fueron conscientes del accidente. Tan jóvenes y llenos de vida, pero la muerte no hace distinciones.....". Bajo sus pies, indiferentes a la verdad, ella sabía que, la muerte en ocasiones, es justa. El agua salada, en constante movimiento, camuflaba una esperanza, desinfectaba las últimas heridas, purificando la conciencia de una mujer redimida que resucitaba a la vida.