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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

jueves, 23 de octubre de 2014

TRES DESEOS


- "Pídeme tres deseos."
Ella se frota los ojos y entona los oídos. El horizonte se intuye al final de la masa ingente, mutable de agua salada.Tras la línea que indica el más allá, un reflejo anaranjado anuncia los primeros rayos de sol pareciendo resurgir de las profundidades marinas.
De nuevo la voz profunda,mecánica.
"Pídeme tres deseos".
Busca desesperada. Entre su oscuridad y el amanecer tan sólo hay un instante, una voz.

De repente una melodía. Aquellos oídos que no querían escuchar, comienzan a comprender. La desesperación se diluye entre movimientos acompasados. Comienza a ser más rítmica. Su cuerpo se abre al espacio, descubriendo que la cadencia de su respiración llena de claros aquella opacidad. Sus miedos son un caminar, ahora más seguro que busca ese "non plus ultra".
En esta ocasión la voz es menos mecánica pero igual de profunda.

-" Te quedan dos deseos. Pídemelos".
La luz que ilumina un firmamento sin estrellas, le incita a continuar el camino. El corazón palpita con tanta fuerza que parece un son de tambores.Aún así, no puede dejar de avanzar. Ya no quiere mordazas ni ciegos pensamientos. La calidez de la mañana le regalan otra oportunidad. Sus movimientos se encuentran con otros cuerpos y otros pensamientos. Se enfrenta a ellos y la confrontación es un cúmulo de sensaciones que la conducen hacia su destino. Descubre su fuerza.
La voz suena esta vez melodiosa, familiar.
-"Es tu último deseo. No lo desperdicies".
Mira hacia el horizonte y la luz le ciega. De repente lo ve claro.
¿Por qué buscar una línea inalcanzable? ¿Por que perseguir una palabra, un lugar, una mirada si lo puede conseguir todo?. Sus pies comienzan a desprenderse del suelo. Su cuerpo, ingrávido, es libre. El vacío se llena de melodías, fados y esperanzas.
Es consciente que ha ganado cada deseo, venciendo sus inseguridades.
Ahora la voz tiene un cuerpo. Sonríe como lo hacía cuando cantaba canciones de cuna. Reconoce la canción y la voz.
Es consciente de que posee ese algo que muy pocos privilegiados tienen.
Estira sus alas para desprenderse de la arena que embota sus pies y asciende hasta que el horizonte desaparece. Ya no existen barreras que le impiden disfrutar la perspectiva.
Por fin respira hondo, sonríe satisfecha.
Ahora tan sólo queda aprender a volar tan arriba, que el mundo aparezca y desaparezca una y otra vez llenando, con su energía, todo el espacio.

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" Si das al mundo lo mejor de tí, puede que nunca sea suficiente.
Incluso así, dale al mundo lo mejor que tienes" Teresa de Calcuta.