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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

miércoles, 27 de octubre de 2010

¡BASTA!

Soy consciente que estas imágenes son muy fuertes.
Una imagen vale más que mil palabras y espero que éstas, sean un toque de atención, uno mas de tantísimos.

http://www.1billionhungry.org


Conciencia, rabia, tristeza, impotencia y vergüenza son los calificativos que me vienen a la cabeza. Vergüenza por consentir, con nuestra pasividad, que estas imágenes sean una realidad en medio mundo. Conciencia para tanta gente que observa esta tragedia con desprecio. Impotencia al contemplar tantos burócratas ambiciosos cuya única finalidad es defender su mundo de dinero y ambiciones.
Mucha tristeza y rabia porque en el siglo XXI, el siglo de la tecnología, de las alianzas, de los descubrimientos científicos, millones de personas en el mundo continúan muriendo de hambre.
si sientes algo parecido después de leer esta entrada, por favor transmite tu indignación a toda tu gente porque grano a grano podremos mover la montaña más alta. El llanto de un niño hambriento debería despertarnos del letargo de nuestras vidas acomodadas para tomar conciencia del desastre. Ninguna madre debería elegir entre cuál de sus hijos puede comer hoy para vivir un día más.

La explotación de todas las tierras ricas y prósperas en zonas de miseria, debería ser para sus habitantes, aquellos que las sufren y las trabajan. Es inconcebible que se aprueben concesiones a multinacionales extranjeras y se permita que a los pueblos se les regalen manos vacías.
¿Qué clase de gobiernos dirigen “este mundo desarrollado”?
¿Cómo podemos tolerar que se derroche tanto dinero desde administraciones, autonomías, subvenciones sin sentido? ¿Es que somos sordos, ciegos y mudos? Simplemente somos “desarrollados”, somos el “Goliath” que regala la vida o la deshecha. Y “David”, mientras, quizá sea capaz de construir su onda y amontonar piedras entre los parajes desolados.

Miles de millones de euros desperdiciados en tantos países de los cinco continentes, que bajo tapaderas como el G8, G20 o infinitos Gs, malgastan otros tantos millones de euros con excusas de cumbres y alianzas sin sentido.

Mientras tanto, entre canapé y ágape, billones de hombres, mujeres y niños padecen hambre crónica.
Tan solo con el dinero empleado en miles de viajes alrededor del mundo divagando sobre lo humano y lo divino, podría alimentarse a familias enteras en casi la totalidad del continente africano. El importe de la entrada de millones de visitantes, los 365 días del año en las instalaciones del vaticano, los presupuestos para santificar y beatificar o el gasto de tantos cardenales, arzobispos y obispos orando por la paz en el mundo (y no voy a tener en cuenta el mantenimiento de todo su ciudad soberana), sería suficiente para que ningún niño en el mundo muriera de hambre.
Desgraciadamente hay mucho más derroche a espuertas de estrellas de cine con sueldos escandalosos, fichajes desorbitados de deportistas, sponsors millonarios, políticos corruptos, líderes religiosos adulterados que lo contrario. Sería tan sencillo como mantener una actitud más solidaria y ejemplar , y esta conducta tendría la capacidad de convertir a un país carente de sus necesidades más básicas en un lugar habitable donde se podrían mecanizar campos, construir escuelas y hospitales y enseñar a los pueblos a valerse por sí mismos sin tener que depender de la caridad de otros.


El auxilio del personaje anónimo, concienciado de lo importante que es su pequeña o gran ayuda, supondría a muchas familias poder criar a sus hijos, sin la necesidad de tenerlos que entregar en adopción o abandonarlos antes de permitir que se mueran de hambre y enfermedades.


Yo tengo esperanza en que cada uno de nosotros, como ser humano que siente y padece, que llora y ríe, reaccione y actúe en consecuencia aportando una idea, una ilusión, otra perspectiva y que muchos otros lo apoyemos.
Creo en las personas buenas por naturaleza, consciente de que solo tenemos un mundo y que todo lo que nace de sus entrañas es de los habitantes que allí moran.
Creo en una organización universal, sin ánimo real de lucro, libre, imparcial, sin cargos políticos ni religiosos, compuesta por anónimos multirraciales y autárquicos, representativos de todas las áreas científicas, económicas y humanísticas, que administraran los recursos globales de la tierra, encargados de repartir equitativamente a todos los pueblos, de todas las naciones, los recursos suficientes para vivir con dignidad y prosperidad hasta en el rincón más recóndito. Esta medida, utópica hoy, probablemente eliminaría a la mayoría de los derrochadores multimillonarios y seguramente ningún hombre, mujer y niño viviría en condiciones infrahumanas ni tampoco moriría de hambre.
La reflexión que nos debemos hacer es a quién interesa que esta - ética y razonable - idea no sea más que una utopía.

¡Ya basta!. Algo podremos construir hoy, cambios graduales para que los hijos de nuestros nietos sean testigos de una sociedad mundial más equitativa, un mundo algo más humano, donde en ningún punto remoto del planeta nadie pueda, nunca más, fotografiar el horror.

jueves, 14 de octubre de 2010

EL PÁRAMO DE LA SOLEDAD


Ella tenía tendencia a la negatividad. Cada atardecer caminaba por el paseo de los ausentes, sin más compañía que su melancolía.
Nunca recordaba su pasado, tampoco imaginaba su futuro porque ayer fue igual que hoy y será lo mismo que mañana. Muy a su pesar, compartía sus "ayeres" y sus "mañanas" con dos compañeras que en todos estos años, se habían convertido en inseparables, la ansiedad y la confusión.
Los cuatro puntos cardinales de su mundo limitaban con sus pensamientos, prudentes, estrechos y sombríos. Con solo ascender hasta su pequeño páramo de la soledad, divisaba la árida extensión de su condicionado y contemplativo universo, abarrotado de claro oscuros y nebulosas, pero tan aceptado en su propio rechazo que sentía seguridad entre sus cercas y sus chaflanes.
Entre tanta monotonía, guardaba en un pequeño cajón su mayor secreto. Cada día nacía y moría sin pena ni gloria, excepto por aquel escondido tesoro.
Ella tenía la fortuna de soñar despierta, era capaz de imaginar vidas apasionadas, a cerrar los ojos y volar a lugares de nunca jamás. Entre pasos vacíos y ascensos carentes de motivación, subía a ese páramo cada día y visionaba más alla de su norte y de su poniente, para fantasear historias de celuloide, empalagosos amores de ojos amielados y cuerpos fibrosos y dramas desmesurados. Y así las rutinas se transformaban en secuencias variables de inspiración, pasaporte con el que abandonar aquel pozo sin fondo y sin esperanza.
Pero ocurrió, que una mañana de otoño, un haz de luz perdido entró sin permiso por su ventana y al contactar con la oscuridad, explosionó como un big bang, los polos opuestos cohesionaron, y mágicamente, resplandores de luces se dispersaron, primero por toda la habitación, alcanzando en un solo instante, todo su universo.
Al fín comprendió que la realidad puede superar a la ficción, incluso aventajar sus sueños. Despertó de aquella ensoñación y abrió su cajón. Encontró esa mirada, una sonrisa, quiza el eco de su voz, o el susrro de sus labios o el olor de su piel, puede que descubriera todas las sensaciones en aquel rayo de luz y su mundo se convirtió en un cosmos de pasiones y colores, de llantos y risas, de conversaciones con la luna y juegos de amores y desamores y descubrió que hay vida después de la muerte.