LOS DOS PATITOS

Se ha convertido en una tradición escribir mis pensamientos una vez al año en la conmemoración de tu venida al mundo. Y es que, lo queramos o no, el 31 de mayo del 1996, tú y yo, fuimos protagonistas exclusivos y absolutos de nuestras vidas. La tuya porque empezaba, la mía porque se enriquecía con tu llegada. Veintidós años después, siento esa misma sensación. Cada año sumo, elimino y guardo esto y aquello en mi caja de cosas pendientes, para cuando encontremos el momento y el lugar de compartirlas.
Mientras, parece que no avanzamos, pero sí que lo hacemos. Y es que, en este parecer que nada pasa, aprendemos que la vida no se detiene, que continuamos, muy a pesar nuestro. Y escribiendo las páginas de nuestro libro, entendemos que en cada letra, en cada frase escrita con pasión y sangre, compartimos esos pequeños momentos que conforman una vida.
El libro crece contigo y, sin pensarlo, sin apenas imaginarlo, acabas de terminar el capítulo XXI. En sus 365 páginas has escrito cada una de las impotencias que has sentido, los millones de risas y carcajadas, cervezas, amigos, brothers, confesiones, impertinencias, disparates, extravagancias, pensamientos prohibidos, locuras realizadas, sueños imaginados, realidades vividas, grandes decepciones, ronroneos y melodías.
Después de relacionar cada sentimiento con una vivencia, asumirás todo lo pasado y todo lo vivido. Entenderás que ya no es momento de plantarse en un recodo del camino a ver la vida pasar. Cada mañana sale el sol y en este día, que es también un poquito mío, vuelvo a sentir a ese pequeñajo que trotaba millones de pasos por ese campo que le pertenecía desde siempre, de carrillos sonrosados, la boca manchada de sandía y esa gorra siempre ladeada. Y siento tus risas y tus cabriolas, tus cantos y tus caras de payaso, las horas en las que has cuidado de mí más que yo misma y las que he compartido contigo.
Tengo la sensación de que llevamos a las espaldas un océano de lágrimas, pero, el mar nunca es el mismo, se renueva, expulsa toda la mierda para amanecer limpio y transparente, interminable e infinito, como todo lo que yo te quiero.
Esta vida se limita a elegir cariños que definen a la persona y, según escribimos capítulos, aceptamos lo que somos y, en ese instante, seremos lo que queramos. El resto ocupa un lugar inapreciable en la escala de valores.
¡Bienvenido a los dos patitos!
Deseo con el alma que nunca te dejes vencer, que luches contra tu lado más oscuro y después, con todo el que se te ponga por delante. Espero que no dejes de perseguir tu sueño,que la felicidad te acompañe allá donde la vida te lleve.
Mientras tanto, yo sigo aquí, como siempre y para siempre, queriéndote hasta el infinito y mucho más allá.

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