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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

domingo, 26 de febrero de 2017

AÑORANZAS



Me gustaría regalarte el cielo y la tierra. 
Envolverlo con un lazo de papel de seda y 
guardarlo, junto con todos tus sueños e 
ilusiones, en una mágica cajita de cristal.
Me gustaría regalarte todos los mantos
púrpuras de amapolas de cualquier 
mañana de primavera y el olor a jazmín y 
azahar de las tardes mediterráneas de 
verano. Me gustaría llenar un globo 
morado con toda tu infancia y dejarlo 
escapar a un lugar donde mantenga 
intacta toda tu inocencia. Me gustaría 
regalarte toda una vida de prosperidad, 
amor, amistad…. Me gustaría regalarte un 
viaje al país de nunca jamás donde todo 
puede ocurrir. Regalarte un millón de sonrisas y emociones que empapen tus ojos de alegría. 
Llenar tres mundos de música y pasos de baile, de historias para soñar y cielos azules para volar. Me gustaría regalarte una lámpara con tres genios y un deseo cada noche. Me gustaría ser omnipresente y omnipotente para protegerte de la sensación de fracaso y desesperación, borrar la impotencia y la desgana. Pero tan solo soy alguien que aprende cada día de tus imperfecciones y tus aciertos, que se levanta recordando ese insignificante detalle que cambia toda una actitud o esa frase para evitar lo que hoy,  no quiero recordar.  Tan solo soy quien disfruta de tus escritos, que aprende de tus consejos, que sonríe con tu sonrisa. Soy un día, oscuro y gris, y también el claro y luminoso. Añoro a mis tres corazones mágicos, a esos ojos curiosos y a las cabezas pensativas que siempre me descubren un nuevo mañana.  Soy una madre mortalmente defectuosa y lo único que puedo ofreceros es un abrazo cuando lo necesitéis, tonterías que os devuelvan las sonrisas, paseos y charlas, abrazos y manías, disculpas y promesas, conversaciones sin sentido y consejos a miles de kilómetros, renuncias, comprensión, aroma y brisas marinas de un hogar que siempre será vuestro, miradas cómplices, tardes de escuchas y pañuelos para limpiar las heridas, mantenerme firme ante las tormentas y derrumbarme de orgullo con vuestros triunfos. Tan sólo soy amor incondicional que nace desde las 
entrañas, una presencia permanente que subsistirá, desapercibida,  anclada en un rincón del alma, desde hoy hasta el resto de vuestras vidas y más allá.



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