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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

martes, 4 de febrero de 2014

CARTA PARA UNA INVITACIÓN



Te invito una noche a mi lado.
Te invito a quererte sin causa aparente,
a perderte entre las sombras y adivinar las formas de mi cuerpo.
Si por casualidad te has quedado con ganas de más,
te invito a encontrar la melodía que te lleve hasta mis entrañas,
a hechizarte entre mis susurros y mis espasmos.
Y si después, necesitas saborear nuevas texturas,
te invito a que te quedes.
Con tus alas y mis caricias.
Te propongo jugar a querernos, a buscarnos.
A olernos, a robarnos abrazos insistentemente.
A encontrarnos o no.
Ahora frío, ahora templado,
hasta abrasarte en ese recodo al que nadie llegó.
Es una invitación sin ánimo de lucro, ni pretensiones importantes,
No es proposición, ni promesa,
Tampoco obsesión, ni locura.
Es simplemente que te ofrezco mi sonrisa para jugar con tu melancolía.
mi esperanza para ahogar tus miedos,
las instrucciones de mi ser para sentirte hombre muy cerca de mi piel.
Más si no puedes o simplemente no quieres saltar,
entonces te invito a que me pienses y me sueñes.
Y así, cuando la luz de la mañana ilumine tu rostro agotado,
observes tu reflejo y sepas que, quizá por miedo,
quizá por desidia, rechazaste la única invitación,
a soñar despierto,
a vivir con pasión desenfrenada,
a sufrir con dolor desmedido,
a abrazar,
a reír,
a luchar.
No pierdas mi invitación, por si acaso......
Puede que algún día seas capaz de amar un imposible.
Mientras, espero que, en ese encorsetado mundo tuyo,
seas feliz recordándome,
desgraciado imaginándome.

6 comentarios:

Magdalena Barreto dijo...

Precioso texto.
Me ha gustado mucho este post.

Inma_Luna dijo...

Pero que belleza de invitación.
Preciosa.
Besitos

EL Diario de Ely dijo...

Gracias Inma!!!

EL Diario de Ely dijo...

Magdalena bienvenida!

San Carbajo dijo...

Y qué tontos somos rechazando invitaciones que en el fondo sabemos que deseamos con todas nuestras fuerzas.

Precioso mamá

Tu hija que te quiere

Oski dijo...

A veces, por estupidez humana, no cogemos aquello que nos haría feliz y después nos pasamos la vida doliéndonos por ello.

Los trenes pasan y no vuelven.

Abrazos.