VOLVER A EMPEZAR

La entrada de aquella enigmàtica casa era impresionante. En ella, había una gran fuente blanca sostenida por una columna de mármol. Los grifos tenían forma de serpiente con la boca entreabierta. En el gran salón, además de sus inmensos ventanales, destacaba una hermosa chimenea de piedra en la que chapoteaban infinitas llamas de mágicos colores. En el lado opuesto, tan solo un piano de cola, cuyas teclas tocaban, sin pianista alguno, una maravillosa melodía. Del techo, colgaban luces que, iluminaban como si fueran estrellas, toda la habitación, creando un ambiente agradable y misterioso. El sonido de sus pasos parecían tararear al compás de aquellas notas. En la parte posterior de la casa estaba el jardín con un gran surtidor que echaba aguya al cielo y caía en cascada. Todo ello estaba cubierto de césped muy fino y y diminutas flores de millones de colores. Cada vez que pisaba aquel suelo, las florecillas desprendían un aroma embriagador que le recordaba su niñez, sentía los cálidos abrazos de su madre y oía la algarabía y los juegos de sus hermanos. Pensaba que despertaría y se encontraría de nuevo en el ajado vagón del tren que le alejaba de aquella maldita ciudad, aquel lugar que tan solo le había ocasionado desgracias y tristezas. Cerró sus ojos una y otra vez, pero la visión siempre era la misma. Aquella casa, estaba realmente allí. ¿Perseguía fantasmas de su futuro o la vida le regalaba una segunda oportunidad? Las dos opciones eran irracionales pero, tal vez allí encontraría la respuesta. Ahora se dejaría llevar, no era importante cómo, ni cuàndo, tan sólo necesitaba saber dónde. Sus pensamientos le condujeron hacia una portezuela desvencijada, que rompía con la esencia del lugar. Pero algo le decía que detràs de aquella puerta encontraría un nuevo principio, volver a empezar. El corazón palpitaba muy deprisa cuando sujetó con fuerza y manos temblorosas, el viejo picaporte. Lo giró muy despacio. La cegadora luz le impidió vislumbrar el exterior pero pájarillos multicolores irrumpieron en el jardín y una brisa con aromas a azar inundó el lugar.
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