CONFESIONES A MI REFLEJO

Un fragmento de mi último relato corto: " el sabor más amargo"........................................................................................................................................................................................................................................................ "El hábito hace al monje". Esto es lo que dicen. Pero yo creo que el hábito te acartona, te mantiene inmóvil, corriendo sin avanzar. Cada día igual que el anterior, a la misma hora, en el mismo sitio, con la misma frase a la llegada, con la misma expresión a la salida. El símil es bastante apropiado, pero añadiría "el hábito hace al monje, de clausura", porque te encierra en un espacio vital, no te permite salir. Es enfermizo acostumbrarte a algo o a alguien, sin otra razón que dejarte llevar. "Mañana será otro día" y te acuestas, y te levantas, y te vuelves a dormir un día y otro... y de repente han pasado más de veinte años y entonces te haces la pregunta del millón, aquella que debiste realizar hace una década. ¿Dónde están mis sueños, mi energía, esas ganas de comerme el mundo? Me miro al espejo, una cara, unos ojos, pero no son mi reflejo; o quizá sí. Esto es lo que soy. No, no te rindas, mira más allá,adéntrate en el fondo de esos ojos azules y recuerda. Me miro al espejo y recuerdo. Recuerdo que sonreía, sonreía por cualquier cosa. Me apasionaba viajar, tenía planes, miles de kilómetros que recorrer, millones de personas con quien mezclarme, culturas y experiencias que palpitaban.Era apasionada, insensata y también, sencillamente simple, porque amaba la vida, me encantaba levantarme cada mañana esperando cosas maravillosas. Porque creía en mi futuro, en un futuro por el que luchar con uñas y dientes. Y me miro al espejo y no encuentro ni un ápice de todo aquello. ¿Dejé de luchar o nunca tomé parte en ninguna batalla?. Las prisas no son buenas, ni la obsesión por esperar lo que no existe y lo peor de todo, ese orgullo que no te permite mirar hacia atrás y reconocer tus errores. A pesar de pedir perdón tantas veces, sin pudor, sin orgullo, nunca reconocí el más importante. No quise admitir que no era él, nunca fue él, a pesar de intentarlo un día y un semana y dos décadas, nunca será él. Me miro al espejo, intento bucear en el ayer y lo encuentro porque ¿él existió realmente? Hace tanto tiempo le dejé marchar, que quizá solo sea un espejismo, un personaje en mi mundo onírico, un flotador creado por mi fantasía para sentirme viva. Miro en el espejo, exploro ese reflejo, entreveo una imagen enmascarada con promesas infundadas, siempre imaginando, siempre esperando.Esperando que comprenda lo que necesito y aguantando mientras llega ese momento. Pero el momento se aleja cada día más, la impotencia se torna en angustia que crece como una ola y arrastra todo lo que encuentra a su paso, ahogándome y ahogándonos. Ahora, saco pecho y me miro al espejo. No puedo esperar más, no puedo seguir soñando, ni imaginando. Si ya no ha sucedido, no va a pasar. No más salas de espera, ni más deterioro.Se acabaron sus delirios de grandeza y mis esperanzas en un futuro. Suena el gong, ahora o nunca, un solo corazón, un futuro incierto, una elección. Me miro al espejo, está empañado, no quiere dejarme ver mas allá. Pero ahora sé que solo hay un camino, una esperanza. todavía hay tiempo para
volver a sonreír........y ser feliz.
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