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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

lunes, 4 de julio de 2011

RENOVACIÓN

pintura, Autor: Aurelio Rodriguez.




Sus ojos fríos, como el viento que corta su cara, deambulan entre una multitud rutinaria, con vidas descifrables. Sus manos, entumecidas en sus guantes de lana, añoran el calor del hogar que alguna vez compartió. Incrusta el gorro hasta sus orejas doloridas, protegiéndolas del granizo gélido de aquellos parajes insalubres .
Recuerda los dichos de antaño, entre olivos y naranjos. Reconoce entre una nebulosa de recuerdos la sinceridad de aquellas palabras perdidas en el tiempo, más el olor azar, lo percibe nítidamente: “El trabajo sirve para vivir y no la vida para trabajar”. Entonces su gesto se pierde en la opacidad de la tristeza y comprende que se reflexiona mejor, respirando el aire en que nació. Ese mismo hombre alejado de su cielo original, pierde el sentido de la vida y de la muerte y se marchita recordando el aroma de sus flores, las melodías de sus canciones, la alegría de sus gentes.
Se esconde en el infinito, intentando materializar sus quimeras, inasibles, casi incoloras, sordas, ciegas y mudas .Porque aspirar a sus sueños de ciencia ficción convierten su día monótono en una insensata pasión que solo le conduce a la impotencia del sometimiento. Muerte del alma, sentimientos oprimidos y reprimidos entre el pecho y el corazón que ya no le permiten ni respirar y, a borbotones, en un impulso de lucidez, expulsa el aire discontinuo de sus alveolos como última esperanza, luchando contra la derrota de vivir sin alma y la alegoría de dormir sin sueños.
Todavía no lo sabe, pero es el principio de la rebelión del anónimo, del que pasa por la vida desapercibido, como un transeúnte más, un número en un carnet de identidad, una cabeza entre tantas otras. Son las primeras pinceladas inconscientes de conspiración para evitar convivir con el insoportable conjunto de la nada donde la única vocación es ser ignorado.
Y ese aire escaso, casi inapreciable, que le comprime sus ideales y su imaginación, comienza a irradiar energía. Irremediablemente, los pulmones se abren ante la explosión de aire fresco. El corazón bombea peculiarmente diferente porque percibe un sol más brillante, un cielo más nítido, y siente una visión clarividente de su mundo, renovado y carismático. Sus pies descalzos se deslizan en esa arena blanca, fascinado con el tacto suave y cálido que conforman los átomos infinitos que obran el milagro de la transformación. Paulatinamente, la calidez de la arena, deja paso al relente de las olas rompiendo en sus piernas. Cada poro de su piel respira la brisa marina, se deleita con el armónico sonido de la ola antes de ser engullida por la arena. Levanta la vista y observa que, la ola perdida en la aridez de la playa, nunca morirá porque es parte de un todo infinito, una ingente masa de agua, vida eterna que perdurará al tiempo y a las gentes. Mientras inspira la última esquirla de aire, toma conciencia de su idiosincrasia singular, exclusiva, y por primera y única vez, sonríe, porque ya nunca más será parte de la nada.

1 comentario:

San Carbajo dijo...

Una parte asombrosa del mundo experimenta esa sensación de renovación en su vida.Unos lo llamen fe, otros amor, pero la sensación es la misma: Paz y tranquilidad con uno mismo.

Te quiero