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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

martes, 12 de julio de 2011

FLUYENDO


La experiencia se adquiere con los años. El transcurso de una vida, es como el de un río. Durante su nacimiento mana lentamente, vacilante, buscando su espacio. En esta búsqueda no deja de fluir, indaga en cada remanso y en cada salto de agua. Y en este ir y venir, en el devenir constante se torna mas amplio. El caudal se vuelve mas extenso y continua fluyendo, sin detenerse, circulando por parajes heterogéneos, deleitándose con paisajes radiantes y temblando con otros mas sombríos. La relación con el agua, cada vez más fluida, más solidaria, más tranquila, se convierte en mansa, las canosas aguas recuerdan los remolinos de antaño y el olor a salitre y el canto de las gaviotas anuncian el final del camino. Aún así, continua fluyendo, engullendo toda su vida en el ingente e inmenso mar.
Soy lo que me he ido haciendo con los años. No soy como otros han creído que era. Mucho menos lo que en momentos he aparentado ser. Hoy sé, que mi alma y mi expresión son las que me merezco. No soy lo que fui ayer, sino lo que en este instante soy. Y me guste o no, nadie me ha enseñado a ser yo: Se es o no se es y basta. Vibro y lloro o río y amo fluyendo a través de una vida que no puedo inventar.
Hoy creo que la esencia para ser uno mismo es algo tan simple y complejo como SER. Con todo lo que estas tres letras implican. S por sentir que cada día intentas ser mejor persona. La E, envuelve mi esperanza para conseguir ser fiel a mi misma y el éxito por haberlo conseguido. R es la resistencia para no abandonar el cauce de mi destino, sin avergonzarme de mi pasado y sin inventar lo que nunca fui.
Hoy estoy segura que en esta nueva década, discurriré por cauces nuevos hasta llegar a la incisión más profunda del río para encontrarme. Comienza la transición de mayor erosión, donde entre márgenes inundados y aguas subterráneas, persigo priorizar quereres propios en lugar de ajenos y ambiciono hacerlo antes de llegar allí donde el río se seca para ser océano.
Y en esta década pretendo estar a la altura de todos aquellos que me han demostrado su cariño incondicional, a los que conmigo han sangrado o se han detenido en meandros del cauce, a los que han mantenido la paciencia infinita durante las tormentas torrenciales.
A todos ellos, mezclados con el sabor dulce y salado y arrullados por las ondas de las mareas, os acunaré en mi corazón hasta el final de mis días. Os quiero a todos.

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