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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

domingo, 8 de agosto de 2010

SIN PUDOR



Cuando he leido esta reflexión de uno de mis escritores favoritos, no he podido por más que transcribirlo porque imposible, expresarlo mejor. Ahí os lo dejo.

SIN PUDOR por Arturo Perez Reverte.

Cada vez que doy un paseo veo más tiendas cerradas. Algunas, las de toda la
vida, habían sobrevivido a guerras y conmociones diversas. Eran parte del
paisaje. De pronto, el escaparate vacío, el rótulo desaparecido de la
fachada, me dejan aturdido, como ocurre con las muertes súbitas o las
desgracias inesperadas. Es una sensación de pérdida irreparable, aunque sólo
haya echado vistazos al escaparate, sin entrar nunca. Otras de esas tiendas
son negocios recientes: comercios abiertos hace un par de años, e incluso
pocos meses; primero, los trabajos que precedían a la apertura, y después la
inauguración, todo flamante, dueños y dependientes a la expectativa,
esperanzados. Ahora paso por delante y advierto que los cristales están
cubiertos y la puerta cerrada. Y me estremezco contagiado de la desilusión,
la derrota que trasmite ese triste cristal pegado al cristal con las
palabras se alquila o se traspasa.

En lo que va de año, la relación es como de una lista de bajas después de un
combate sangriento. Entre las que conozco hay una parafarmacia, dos tiendas
de complementos, una de música clásica, una estupenda tienda de vinos, una
ferretería, una tienda de historietas, tres de regalos, dos de muebles,
cuatro anticuarios, una librería, dos buenas panaderías, una galería de
arte, una sombrerería, una mercería e innumerables tiendas de ropa. También
-ésa fue un golpe duro, por lo simbólico- una juguetería grande y bien
surtida. Me gustaba entrar en ella, recobrando la vieja sensación que,
quienes fuimos niños cuando no había televisión, ni videoconsola, ni nos
habíamos vuelto todos -críos incluidos- completamente cibergilipollas,
conservamos del tiempo en que una juguetería con sus muñecas, trenes,
soldados, escopetas, cocinitas, caballos de cartón, disfraces de torero y
juegos reunidos Geyper, era el lugar más fascinante del mundo.

Ahora hablamos de crisis cada día. Hasta los putos políticos y las putas
políticas, que no es lo mismo que políticas putas, ahórrenme las putas
cartas, lo hacen con la misma impavidez con que antes afirmaban lo
contrario. En todo caso, una cosa es manejar estadísticas; y otra, pisar la
calle y haber conocido esas tiendas una por una, recordando los rostros de
propietarios y dependientes, su desasosiego en los últimos tiempos, la
esperanza, menor cada día, de que alguien se parase ante el escaparate, se
animara y entrase a comprar, sabiendo que de ese acto dependían el
bienestar, el futuro, la familia. Haber presenciado tanta angustia diaria,
la ausencia de clientes, el miedo a que tal o cual crédito no llegara, o a
no tener con qué pagarlo. El saberse condenados y sin esperanza mientras, en
las tiendas desiertas que con tanta ilusión abrieron, languidecían su
trabajo y sus ahorros. Morían tantos sueños.

Eso es lo peor, a mi juicio... Lo imperdonable. Todas esas ilusiones
deshechas, trituradas por políticos golfos y sindicalistas sobornados que
todavía hablan de clase empresarial como si todos los empresarios españoles
tuvieran yate en Cerdeña y cuenta en las islas Caimán. Ignorando las
ilusiones deshechas de tanta gente con ideas y fuerza, que arriesgó, peleó
para salir adelante, y se vio arrastrada sin remedio por la tragedia
económica de los últimos tiempos y también por la irresponsabilidad criminal
de quienes tuvieron la obligación de prevenirlo y no quisieron, y ahora
tienen el deber de solucionarlo, pero ni pueden ni saben.

De esa gentuza encantada consigo misma que no sólo carece de eficacia y
voluntad, sino que sigue impasible como don Tancredo, procurando ni
parpadear ante los cuernos del toro que corretea llevándose a todo cristo
por delante. Un Gobierno cínico, demagogo, embustero hasta el disparate.
Sentenciándonos, entre unos y otros, a ser un país sin tejido industrial ni
empresarial, sin clase media, condenado al dinero negro, al subsidio laboral
con trabajo paralelo encubierto y a la economía clandestina. Con mucho
Berlusconi en el horizonte. Un rebaño analfabeto, sumiso, de albañiles,
putas y camareros, donde los únicos que de verdad van a estar a gusto,
sinvergüenzas aparte, serán los jubilados guiris, los mafiosos nacionales e
importados, y los hooligans de viaje y tres noches de hotel, borrachera y
vómito incluidos, por veinticinco euros. Para entonces, los responsables del
desastre se habrán retirado confortablemente al cobijo de sus partidos, de
sus varios sueldos oficiales, de sus pingües jubilaciones por los servicios
prestados a sí mismos. A dar conferencias a Nueva York sobre cómo nos
reventaron a todos, dejando el paisaje lleno de tiendas cerradas y de vidas
con el rótulo se traspasa. Así que malditos sean su sangre y todos sus
muertos. En otros tiempos, al menos tenías la esperanza de verlos colgados
de una farola.

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