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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

martes, 26 de enero de 2010

MI ESTRELLA, MI UNIVERSO

Cada uno de nosotros es un cometa en sí mismo vagando por un universo lleno de estrellas, todas diferentes, todas únicas, todas solitarias.
El resplandor de nuestra estrella, la capacidad para que esa luz se refleje en otros mundos, está en nuestra aptitud, nuestra forma de dar y de recibir, la disposición de escuchar, no tan solo existen nuestros ríos y nuestros mares, nuestros sonidos, nuestras razones, nuestras desgracias. Echemos un vistazo a ese universo lleno de luceros y descubriremos otros mundos, otros destellos y será entonces cuando percibiremos lo inimaginable.
Los mundos más callados son los más receptivos, llenos con ecos de otras voces, afines a otros universos confiriéndolos una riqueza especial, sembrando sus cielos de nubes azules, aires inocentes, brisas inteligentes, melodías serenas, espacios completos porque no se alimentan de ellos mismos.
Pero, casi siempre, nos adentramos, exclusivamente, en nuestros mundos y nos basta la luz de nuestra imagnación. Falsa luz que nos calienta, alumbra un adulterado camino y cuando miramos más alla, advertimos como nuestra única compañía, la soledad. Somos demasiado individualistas, tan preocupados de nosotros mismos, que no oteamos el resto del universo. Estamos tan cegados mirando nuestra propia estrella, que no reconoceríamos la calidez de ninguna otra.
Como un sabio escribió, no hace mucho, las historias tienen su desarrollo. Siempre comienzan y siempre terminan, porque nada es infinito. Pero si conseguimos unir dos mundos paralelos, si coinciden en el tiempo y en espíritu y sus dos astros entran en un mismo firmamento, no importará el principio ni el fin de nada.
Y esta colisión será capaz de transmitir y compartir dos destinos que multiplicarán su fuerza por mil. La Fuerza de infinitas esperanzas, de eternos sentimientos, de interminables pasiones, de incontables sonrisas, de ansiedades inmensas, llantos entrecortados y tristezas compartidas.
Y entonces, donde no encuentres suspiros, buscarás delirios, donde no oigas palabras, sentirás un cuerpo junto al tuyo, donde no veas la luz , te guiarán sus ojos, y cuando no seas capaz de oir esa palabra que tanto anhelas, leerás desde el corazón entre sus renglones encontrando un nuevo camino, luminoso, abierto, ansioso por sentir.
La conquista de un nuevo mundo, un universo mucho más grande, más completo, más hermoso transformará un alguien en esencia y merecerá la pena ser feliz.

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