Seguidores

EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

lunes, 10 de noviembre de 2014

SONRISAS A PUÑADOS

Partiendo de la base que nunca fue mi fuerte sentar cátedra de nada, (¡Dios me libre!), espero que esta entrada se entienda como lo que pretende ser, una simple reflexión "a letras".
He escrito y borrado más que nunca. Cómo empezar, como continuar y sobre todo, como terminar. Porque esta entrada es un proceso de adaptación, un seguir adelante, una aceptación y, sobre todo, un cerrar otra puerta para dejar de llorar, que no de sentir.
Si en la vida alguien te pone en la disyuntiva de elegir, cambia de acera. Sinceramente,no merece la pena.
Las vidas que de verdad te quieren, no plantean elecciones, simplemente aceptan, sienten, disfrutan, comparten, ayudan a pesar de ver el vaso medio vacío.
Las personas que merecen la pena son aquellas que entienden y regañan al tiempo que regalan abrazos y charlas. Son las que no intentan cambiarte, son las que observan, escudriñan en la retaguardia. Las que no hablan a tus espaldas, las que no anteponen sus circunstancias a las tuyas porque te aceptan así, como eres. Son las que nunca defenderán la doctrina de Maquiavelo.
Hay muchas personas que pasarán por tu vida, aparecerán con frases célebres y palmaditas sobre la hombros, te regalarán los oídos. Te llevarán a su terreno, aún sabiendo que no es el tuyo. Otras, en cambio, se mantendrán en la retaguardia esperando la caída.
Y creedme, la caída llega y suele ser dura y dolorosa. Cuidad esa retaguardia, escuchad la voz que os cuenta verdades, os paran y hacen pensar en situaciones que parecen nunca van a ocurrir, realidades que no queréis escuchar.
Aprended de todos, quedaros con lo positivo, sin rencores, sin lágrimas ni ansiedad, sin impotencia. Encontrar de nuevo el brillo en los ojos y recuperar los sueños. Esos que siempre habitaron en vosotros, esos que os hacen levantar cada día y tirar del carro. Encontrad el ángel que os busca y que tanto necesitáis, aquel que ganará sus alas gracias a cada uno de vosotros.
Y sobre todas las cosas y a pesar de tanto, no perdáis vuestra luz y continuar regalando las sonrisas a puñados.

lunes, 3 de noviembre de 2014

LA PRIMERA VIAJERA


Me gustaría regalarte el cielo y la tierra. Envolverlo con un lazo de papel de seda y guardarlo, junto con todos tus sueños e ilusiones, en una mágica cajita de cristal.
Me gustaría regalarte todos los mantos púrpuras de amapolas de cualquier mañana de primavera y el olor a jazmín y azahar de las tardes mediterráneas de verano.
Me gustaría regalarte toda una vida de prosperidad, amor, amistad. Hacer realidad ese viaje al país de nunca jamás donde todo puede ocurrir.
Regalarte un millón de sonrisas, emociones que empapen tus ojos de alegría. Llenar tu mundo de música, pasos de baile.
Me gustaría regalarte una lámpara con un genio de ojos verdes, pelo negro y acento extranjero.
Me gustaría alcanzarte la luna y 365 estrellas fugaces, con un deseo para cada día del año.
Me gustaría ser omnipresente y omnipotente para protegerte y mantenerte segura.
Pero tan solo soy yo, alguien que aprende cada día de sus imperfecciones y de tus aciertos, que se levanta sonriendo con tus insignificantes detalles que ayer me hicieron olvidar todo lo que no quiero recordar hoy.
Tan solo soy, ese alguien, que disfruta de tus escritos y aprende de tus discursos.
A la primera viajera, a esa cabeza pensante sobre unos hombros danzantes, lo único que puedo ofrecerte, allá lejos o aquí cerca, es un abrazo cuando estés triste, tonterías que te hagan sonreír, paseos y charlas, abrazos y manías, disculpas y promesas, conversaciones sin sentido y consejos a miles de kilómetros, renuncias, comprensión, aroma de un hogar que siempre será nuestro, miradas cómplices, tardes de pelis románticas y pañuelos para limpiar tus lágrimas.
Resumiendo, tan solo puedo regalarte ese amor incondicional de quien comparten entrañas.
Desde hoy, hasta el resto de mi vida, incluso mucho más allá, estaré donde tú quieras encontrarme, aunque no me busques.