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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

miércoles, 20 de marzo de 2013

REFLEXIÓN

EL PRIMERO, es sinónimo de único, es compartir con la soledad, es vivir sin nadie a quien ayudar o con quien discrepar. EL NÚMERO UNO deja todo atrás, amor, hijos, amigos. Sin nadie delante que guíe sus pasos, sólo él y sus pensamientos, desfigurando sus dudas hasta convertirlos en demonios. Deambulando hacia un horizonte quiza muy lejano, persiguiendo una meta posiblemente inalcanzable. La excelencia es ambiciosa y huraña. Preguntando a su espejo ¿quién es el mas poderoso?, olvida realizar la pregunta mas importante, ¿Quién es el mas sincero? Siempre observando tras de sí, nunca puede mirar a la verdad directamente a los ojos y desnudar su corazón. Aguardando y guardando las distancias. Escuchando murmullos inaccesibles, sensaciones impensables. Como la vida de una caracola, confinada en su oscuridad percibe el eco de sonidos lejanos pero no lo ve, huele el aroma a sal pero no lo saborea. El éxito no puede ser vulnerable, no puede empatizar con las miserias, ni alzar su voz para condenar las injusticias, porque el primero no ve otros ojos que los suyos y no recuerda otro pálpito que el de su corazón. Los otros en cambio, intercambian vidas, reconocen otras voces y declaran sus debilidades. Lloran sin vergüenzas y ríen sin compromisos. Ellos sincronizan sus días y sus noches, compañeros de dichas y desdichas, conversan a la luz de la luna. Las gentes ordinarias, corrientes,nunca alcanzarán el poder, pero sí la fortuna de compartir esperanzas. La satisfacción de reír a través de la alegría de otros y llorar con las desgracias que le rodean. Luchar por aquello en lo que creen y convivir con un mundo tan injusto como perfecto. Así, el primero dejará de mantener la hegemonía de la excelencia y la asombrosa e impredecible realidad cambiará el mundo, derrocando imperios y desterrando monarquías. Esa voz es el ciudadano del mundo que, mano sobre mano, grita y ahoga la individualidad. Es la verdadera fuerza de la pasión, que mueve montañas.