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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

sábado, 30 de junio de 2012

EL DESPERTAR

Aquella mañana despertó ojerosa, como casi siempre. Las articulaciones de todo su cuerpo exigían el sueño que noche tras noche se le negaba y como era habitual, tan solo deseaba que anocheciera otra vez para poder despedir otro día. Pero aquella ocasión, notó algo distinto en su mirada, un alo de luz, un brillo de esperanza. Y por primera vez reconoció su realidad. Inmersa en un sueño cíclico, rutinario del que no podía despertar, deambulaba por ensoñaciones de tiempos que nunca existieron, secuencias de pensamientos negativos, de quejas sin luchas, constantes búsqueda de culpables, inconsolables llantos de derrota, energía ingente derrochada en imposibles y la capacidad inagotable de generar, día tras día,amargura. Mientras repetía una y otra vez la estructura onírica de su existencia, comenzó a despertar lenta y pausadamente, su respiración se aceleró con los primeros rayos de sol iluminando su rostro.Y por primera vez observó en el trasluz. Allí nunca existió ningún espejo, ningún reflejo, ninguna sombra ojerosa, tan solo ella y sus miedos. Y escuchó las risas y la música, sintió el olor del hogar y la calidez del amor sincero del hijo, del amigo...... El cúmulo de sensaciones, le devolvió a la realidad para poder disfrutar de toda la creatividad que la rodeaba y sintió que quizá la vida le regalaba un nuevo despertar. Escrito y dirigido por Manuel Carbajo Bueno.

sábado, 9 de junio de 2012

CUENTA LA LEYENDA......

Cuenta una leyenda la historia de un delfín-hombre que amaba su libertad por encima de cualquier otra cosa. Cuentan, que en noches de novilunio, noches oscuras y cerradas, noches donde desaparecer entre la negrura de la luna, era sencillo, el delfín se convertía en hombre. Ahora, el hombre-delfín se confundía entre la opacidad nocturna y, al igual que los gatos pardos, él, pasaba desapercibido, entre los cambiantes y tortuosos humanos. Al tiempo que sus pulmones respiraban el viciado aire, se ocultaba en un cuerpo, percibía sus sentimientos, sentía sus angustias y fascinado por sus pasiones, agotaba su mundo de una noche. En estos noctámbulos escarceos, siempre cerca del puerto para no olvidar donde residía su libertad, recorría el mismo antro apestado de identidades desconocidas y, sentado cerca del malecón, escuchaba la llamada de la olas rompiendo en aquel espigón que tan bien conocía. Su rasgo más humano, le conducía hasta cuerpos enmascarados con disimuladas sonrisas, percibía su dolor, su ambición y sus miedos. Pero lo que le impulsaba, cada novilunio, a regresar al rompeolas, era la inaccesible capacidad del ser humano para amar y ser amado. Luchaba contra aquel sentimiento que le robaba su independencia. A cambio, le dotaba de piernas que le aferraban a la tierra y a sus poderosas sensibilidades. Se alimentaba de dolor, ternura, conmiseración,piedad, soberbia, pasión y muerte, una danza de frenética lujuria que le convertía en un ser débil, expuesto a los delirios y padecimientos humanos. La entrega de un cuerpo, el tacto sudoroso de una piel erizada eran tan fuertes que le mantenían semiinconsciente hasta la llegada del alba. Y volvía a la calidez de las frías aguas, alejando cualquier sentimiento que le sometiera. Evitaba perderse entre abrazos apasionados que susurraran dulzura. Entonces la luna nueva, le devolvía a sus mares. Pero los cielos sin estrellas, responsables de aquel corazón coraza, afianzaban su condición humana. Su control radicaba en las necesidades de su cuerpo. En realidad el físico en el que se convertía era la única condiciòn de ser humano que le agradaba. Las demás características de su naturaleza en novilunio, le inspiraban miedos incontrolados. Sentía como humano, lloraba como humano, amaba como humano y dependía anímicamente de cuerpos anónimos. Esta relación visceral era para él una debilidad. Cualquier vinculación a otro corazón, era sinónimo de sumisión. Y como en aquellos cielos nocturnos es imposible ver la luna escondida trás el resplandor solar, así se encubría el delfín trás el hombre. Y esos cielos embaucadores,conocían su secreto. Si en este periodo se producía un eclipse total de Sol, el ser bipolar se convertiría en uno solo. ¿Cuál de ellos? Antes o después una personalidad vencería a la otra. Intuyendo su destino, él intentaba dominar sus dos naturalezas, agua, tierra y la imposición por adaptarse a sus entornos y convivir con sus iguales. Y a pesar de sus esfuerzos por encontrar su lugar, no pertenecía a ninguno de sus incompatibles mundos. Esta relación le inquietaba y la violencia del agua anegaba cualquier impulso terrenal. Pero trás la tormenta llegaba la calma y sobre las aguas serenas, observaba la tierra firme,impertérrita, siempre en el mismo lugar. Su naturaleza atípica como delfín, le alejaba de la manada, galopaba como un llanero solitario, sobre las crestas de espuma siguiendo la estela de su soledad. Dejó de preguntar a la luna, al sol y a las estrellas la razón de su existencia, decidió dejar de dudar. El embrujo que le provocaba el agua no era comparable con ningún otro. La inmensidad del océano, sin fronteras, ni encarcelamientos le convertían en alguien poderoso, inalcanzable y solitario. Hasta aquella mañana primaveral. Cabalgaba entre sus firmamentos marinos, cuando algo distrajo su destino. No fue más que un destello en un risco,un susurro, un atisbo de curiosidad y el simple capricho del azar, hizo al delfín virase hacia aquella particular visión y observar unas manos cálidas acariciando la espuma.Intuyó unos ojos,una armonía distinta, un comportamiento diferente. La curiosidad inicial, dejó paso a la confianza de una singular voz femenina, a la atracción de un aroma, a conocer sus anhelos, sus inquietudes, sus necesidades. Sin exigencias, ni compromisos, el delfín, dejó de vagar para volver cada amanecer al mismo acantilado.El tiempo transcurría y, danzando sobre las olas,se reconocía en las manadas de sus iguales. El pez pasó de escuchar relatos a contarlos y esos dos entes, tan diferentes, comenzaron a ser casi uno. La voz susurraba sin esperar nada y el animal disfrutaba de aquella quietud. Delfín él, humana ella, les unía un mundo de interminables sueños imaginados, excepto cada luna negra. Una única noche de 30, se camuflaban en la oscuridad, fundiéndose en abrazos desenfrenados y en besos carnosos con sabor a sal. Conscientes del tiempo de caducidad, aleteaban como mariposas,sus últimos devaneos. Hasta que un día, el timbre enternecedor de la voz femenina, se tornó irónico, sus manos, confiadas, comenzaron a recelar y su roca, ahora agreste y desafiante distanciaba, cada vez más, a las dos almas. Nada es para siempre y conocía demasiado bien aquel corazón. El delfín disfrutaba de una libertad sin límites, de una pasión sin exigencias. En cambio, los susurros, ahora quebradizos, se apagaban como la luna en sus crápulas incursiones. La voz habló y el delfín escuchó lo que no quería oir. Todo en la vida tiene un precio y habían pagado uno demasiado alto. Ella quería arriesgar, él necesitaba permanecer en aquel limbo sentimental, dejarse llevar. Y llegó el último atardecer. Aquel delfín-hombre sintió un escalofrío con el sonido de la soledad. La encrucijada del camino y la posibilidad de no verla nunca más, abofetearon con la violencia de las olas rompiendo en su roca vacía. Nunca sintió la necesidad de buscar más allá, hasta ahora. Tenía que elegir, seguir adelante con la única compañía de sus sueños o apretar su mano suave y comprometerse. Y los cielos provocaron la elección. Esperaba su último novilunio cerca de la playa, dibujando en la arena su melodía, intuyendo su aroma de espuma y recordando su último encuentro. Todo permanece, los recuerdos se transforman en pensamientos con los que envejecer. No podía, no debía arrastrarla a su vida, ambigua, cambiante, indecisa. Recordó su mirada adivinando todos sus pensamientos. Tenía el alma rota en mil pedazos y cada uno de ellos llevaba un trozo de aquel ser especial, un recuerdo, una sonrisa, una mirada, una palabra. Los recogió con sumo cuidado y los encerró en el arcón del olvido. Ella tenía fe en las personas y esperanza en el mañana. Él, tirado en la playa, era la totalidad de nada. Rememoró su últimas palabras, respetaría su posición y le diría adiós. Oscurecía cuando sus ojos se encontraron por última vez. Hubo otras noches cerradas,otras lunas nuevas, lunas negras. El hombre deambulaba entre la gente buscando aquellos ojos. Otro ocaso, otra aurora, el pez oteaba en el horizonte. El Delfín-hombre y el Humano-pez habían encontrado un nexo de unión,un solo dolor, un único pensamiento.El mamífero moría cada luna nueva dando vida a un hombre que buscaba desesperadamente lo que pudo ser y no fue. Perdido en su agonía, el cielo, en su última transformación, se tornó de un violeta intenso y, el astro y su luna, se solaparon. Comprendió en ese instante la ironía de la vida y trás una risa histriónica, aceptó su error y eligió. Como el aire que entraba en sus pulmones, así conocería infinitos estados de sufrimiento, tantos como distintas formas de amar. Sus pasadas, presentes y futuras decisiones le conducirían irremediablemente a un camino de sudor y de lágrimas. Los momentos malos o buenos de una vida no se eligen, ni se desperdician, sencillamente se viven. Había inagotables maneras de amar y entre sus infinitas formas, él había perdido la más perfecta. Cuenta la leyenda, que durante muchas primaveras, un delfín solitario permaneció impasible frente al acantilado mas escarpado del lugar, hasta que una noche de cuarto creciente desapareció. Se cuenta, que hubo un singular eclipse de novilunio, y que aquella mañana, vieron a un hombre emerger de entre las olas y perderse en las calles de la ciudad. Esta contadora de leyendas prefiere pensar que, aquellas dos almas gemelas, se encontraron, superaron sus miedos y cumpliendo una condena de besos y abrazos, se conviertieron,simplemente, en un hombre y una mujer.