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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

sábado, 11 de febrero de 2012

INTENTANDO RECORDAR


No se muy bien si me despertó el inesperado volantazo o el bache inevitable sobre el asfalto rugoso.
No es que el conductor fuera inexperto, era más bien aquella noche, tan oscura como mi karma. Ni una sola estrella iluminaba la carretera angosta y deprimente. Recordaba tanto a mi vida taciturna y enervante.... La mirada perdida se hundía en la oquedad de un asfalto tan negro como mi suerte,tan imperceptible como mi futuro. Un futuro que intentaba avanzar con aquel autobús adentrándose en la niebla cada vez mas densa, a cada metro más ciega .
No se muy bien cómo pasó. Nunca creía confundir la sonrisa sincera de la risa histérica,el llanto desconsolado de las lágrimas de cocodrilo. Pero tanta seguridad en mis posibilidades y en mis capacidades me llevó a ser pasto de la venganza, a creer en palabras vacías, a vivir con la más cruel de las mentiras.
No se muy bien como llegué hasta allí,deambulaba hacia el desconocimiento en un autobús de obsoletos asientos, ajada carrocería y con pasajeros, envejecidos unos, desvencijados otros, pero todos tan perdidos como yo. No parecían demasiados, aunque a muchos tan solo los percibía en la penumbra de la noche. Reflexivos, adormilados o simplemente extraviados en sus pensamientos, parecían perderse con la ausencia de sonidos y la desconocida profundidad del paisaje.
No se muy bien cuando o donde pararían esas cuatro ruedas, si sería de noche siempre o en algún momento saldría el sol. Los vaivenes esporádicos provocados por las curvas y los carraspeos del cambio de marcha parecían ser el único bullicio. Intentaba percibir algún bostezo o escuchar alguna melodía sin conseguirlo.
No se muy bien cuánto tiempo tardé en volver a conciliar el sueño entre pensamientos y reflexiones."Ya me despertaré mañana y averiguaré mi destino",pensé y caí en un profundo sueño, sin miedos, sin claros ni sombras.
Y en mis sueño sí había luz, una luz brillante, llena de esperanza que me permitía ver a mi gente, aquella que me acompañó en los difíciles momentos, a la que abandoné por la aprobación de los desconocidos, por promesas vacías. Y al recordar la soledad del éxito y la podredumbre de la caída, recordé el agua ensangrentada de la bañera antes de caer en un ahogado sueño.
La luminosidad se transformó en opacidad, el cielo se cubrió de nubes para albergar sus llantos que, convertidos en infinitas gotas de lluvia anegaron al sol. Sus lamentos eran truenos ensordecedores como una opera estentórea.
No se muy bien cuando sentí aquel autobús mas comprimido, convirtiéndose en caja de cedro, cuando mis manos reconocieron las raíces o mi olfato percibió aquel aroma a velas e incienso.
Quizá, pronto, pueda recordar algo más que el monótono traqueteo de un autobús perdido en un camino. Es posible que reconozca ese último instante de claridad y la percepción de esas otras compañías solitarias. Y la energía convirtiéndose en partícula etérea y el áurea en brisa marina.
Perdida en estos pensamientos, escuché entre debilitadas notas, mi primera canción de amor, entre ecos apaisados, mi primer "Te Quiero". Allá donde los horizontes dejan de ser elípticos, visualicé bajo un crisol de colores, el abrazo de mi madre, la risa de mis amigos.....
Sin perspectiva, intento despertar de mi viaje onírico pero solo siento el susurro de la nada y escucho una voz cansada pero melodiosa que parece repetir los mismos versos de Alfonsina que yo recité en otras despedidas:

"Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!
¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que no vuelven más! ..."