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EL RINCÓN DE BENEDETTI.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle, codo a codo
somos mucho más que dos.

jueves, 25 de noviembre de 2010

PENSAMIENTOS QUE VIAJAN




Que nadie por ser joven vacile en soñar ni por ser viejo ,( que no sentirse), de soñar se debilite. Pues nadie tiene edad para todo lo que pertenece a la vitalidad de su alma. Si alguien piensa que aún no le llegó la hora de imaginar o que ya le ha pasado, es como quien dice que ya no hay tiempo para la felicidad.
De modo que deben soñar, imaginar y amar tanto el joven como el viejo: el uno para que, envejeciendo, se rejuvenezca con el recuerdo de maravillosos tiempos pasados, el otro para que sea capaz de disfrutar plenamente de una madura juventud, afrontando con serenidad su futuro.
Por tanto, dejemos de buscar un imposible, de perseguir lo trivial, de luchar por aquello que es indefendible y dediquemos nuestro tiempo , tanto del inexperto como el del veterano,a reflexionar en todo aquello que produce la felicidad.
Si fuéramos capaces de sentarnos en el borde del camino y meditar sobre lo que desfila ante nuestros inconscientes ojos de juventud, seríamos capaces de esquivar la viga delante de nuestros ojos y despreocuparnos de la paja en los ojos ajenos y alcanzar una sensata y plena madurez.
Si tuviéramos la capacidad de reconocer nuestros errores y la humildad de asumirlos, entenderíamos que cuando la ternura se entrelaza con la fantasía y la pasión con la quimera, lo tenemos todo y, cuando falta, hacemos cualquier cosa por poseerlas.
Pero las palabras se las lleva el viento y los pensamientos se ahogan en los desmemoriados recuerdos.
Soy consciente que aquellas miradas de entonces, se han transformado, en canosas y desorientadas ojeadas, que vagan como trashumantes en caminos sin salida. Ahora, trasnochan como zombis en un atardecer sin rumbo. Y a pesar que mi ojerosa perspectiva, lucha para reavivar la llama de la esperanza, la gélida realidad solo me permite vislumbrar un final sin, ni siquiera, un premio de consolación.


miércoles, 10 de noviembre de 2010

CRISÁLIDA


Aquel pequeño gusano de seda, suave, indefenso, frágil transmitía apatía. Parecía contagiar el ambiente con esa languidez de movimientos. La yuxtaposición sobre un fondo de ralentizados cambios de posición, casi imperceptibles, conformaban un mosaico de percepciones que, implicaban en su mundo interior, un tremendo esfuerzo de superación personal. Tras este temperamento pasivo, inapreciable para la gran mayoría de observadores, camuflaba una muy peculiar forma de progresar. Su lucha constante, incansable por avanzar en este proceso, le dirigía hacia una inminente transformación.

Esta mudanza desde lo más profundo de su ser, era el resultado de una eclosión que no se conforma con su existencia anodina y simple, que no pretende reptar sobre su esponjoso cuerpo el resto de su vida y que busca convertirse en un ser de luz y color, con libertad para volar a través de nítidos cielos azules y discernimiento para disfrutar de sus llanuras y océanos.

Pero esta metamorfosis solo estaba en la mente del pequeño ser. El verdadero cambio era convertir los pensamientos en realidades. Al fin, comenzaba a engrandecerse en su interior, se despedía de su insignificante mundo, decía adiós a los seres queridos que perdería por el camino y por primera vez, asumía las consecuencias de este decisión, meditada y valiente, y aceptaba las posibles secuelas colaterales de esta transmutación.

El resplandor del cielo, con su sol radiante, dificultó la visión del gusano de seda cuando miró hacia el firmamento. Este desconocido, limpio y nítido astro resultaba nocivo para unos ojos que solo miraban a la tierra húmeda y oscura desde tiempos inmemoriales.

Esa era la razón principal por la que necesitaba protegerse de tanta luminosidad. Su manera de subsistir hasta el momento, no podía modificarse con un solo paso. Aquel paso debía seguir a una zancada y ésta a un salto al vacío. Tenía que encontrar el camino y sobre todo, debía aceptar su nueva concepción vital. Así fue como se le ocurrió diseñar una crisálida única y espectacular, una envoltura que a todo su entorno extrañó. A todos, excepto a unos pocos. Comenzó a cambiar su aspecto, y su apariencia, y este gusano, hasta entonces indiferente, dejó de serlo.

En algunos círculos, este personaje que pasaba desapercibido, cobró su protagonismo, mientras que en otros sectores fue víctima de críticas y especulaciones sobre las causas que le habían llevado a esta transmutación. Lo cierto es que muy pocos entendían el porqué de esta nueva presencia física. Comenzó una campaña de acoso y derribo hacia aquel que hoy y, sin prescripción facultativa, se había saltado las normas. Desde este mismo momento, vivió el rechazo del entorno y sufrió en sus propias carnes el aislamiento y la discriminación de intentar ser diferente.

Mientras que sus compañeros comían de la misma morera, se tumbaban al sol sin otra preocupación que dormir cuando el sol se pone y despertar al alba, este nuevo gusano se revelaba a esta monotonía y conformismo. Regaló su fondo de armario y renovó todo su vestuario, se encerró en su recién adquirida ninfa y se alejó de sus hábitos para adquirir otros nuevos.

Camuflado en un principio tras unas amplias gafas oscuras, este nuevo comportamiento le parecía raro y estrafalario. Pero lo más sorprendente de este cambio era lo que no se apreciaba. Todo lo que los mediocres y menudos compañeros no veían, era en realidad lo que más le fascinaba.

Su actitud contestataria le conducía a descubrir rostros diferentes, personalidades dispares. Perdía su timidez intercambiando miradas furtivas y recién estrenadas en su nueva crisálida, y su atrevimiento rallaba la desvergüenza. Y lo más positivo era que le encantaba esta nueva faceta. Con esta imagen comenzaba a sentirse vivo, a experimentar una seguridad en si mismo inédita hasta entonces. El escaparate de su antigua existencia se disipaba en la nebulosa de un pasado desteñido y como el conejo que aparece sobre la chistera del mago, renacía una potente crisálida desde lo más íntimo de su piel. Sin miedos, ni prejuicios.

Ya aceptaba con total naturalidad su nueva personalidad y a través de sus gafas oscuras, oteaba con recelo el horizonte, percibiendo la claridad que le esperaba allá fuera. Y comenzó a sentirse maniatado en ese pequeño mundo. Todas aquellas pequeñas cosas que hasta entonces conformaban su existencia, ahora ya no le satisfacían. Las vivencias y proposiciones que organizaban su vida diaria le irritaban y en sus círculos de conocidos no encontraba ningún nexo de acercamiento. Solo los más íntimos le ataban a esta cárcel. Y no sabía cuánto tiempo más podría soportar esta situación. En su corazón quería compartir este cambio con todo lo importante que le habían acompañado en su vida, pero tenía tanto miedo de perder en el camino estos cariños, que le impedía explosionar. Necesitaba compartir con ellos su nueva experiencia, no quería vivir esta metamorfosis solo, pero la crisálida era un abrigo para uno, tenía que vivir en soledad y compartir con los que le acompañaran en la metamorfosis. Se preguntaba quién le estaría esperando fuera cuando saliera de su encierro convertido en ave fénix, quién miraría en el fondo de sus ojos y encontraría la misma persona, el mismo corazón. Cuántos aceptarían de buen grado no solo su variación en su forma, sino también la mudanza de su fondo.

La evolución conlleva dolorosas pérdidas, privación de una adquirida libertad, abandono del conformismo y la obtención del libre albedrío producirá soledad y atrevimiento, injurias y satisfacciones, determinación e infamias. Hoy era el momento de arriesgar, había llegado la hora de despojarsse de sus gafas oscuras y olfatear por última vez el olor a tierra mojada. Comenzó a temblar y sus lágrimas despidieron cada rincón y cada raiz de su inframundo.

Una vez superado el proceso de transición todos contemplan fascinados a la espectacular mariposa que, impasible y orgullosa, planea sobre su hoy y su mañana y a vista de pájaro, distingue su minúsculo y olvidado mundo del ayer y con fuerza les grita:

“Hay dos formas de sentir y disfrutar la vida: una es creer que no existen los milagros; la otra, creer que todo es un milagro y luchar por conseguirlo.